Mandala Oro – Blanco
32,00€
En el centro, un círculo de encaje antiguo dibuja una forma que recuerda a los mandalas: composiciones delicadas, repetitivas, casi hipnóticas, que invitan a la calma y a la contemplación. Cada hilo conserva la memoria del tiempo, pero también crea un nuevo orden, una nueva belleza.
El mandala, en muchas culturas, simboliza totalidad, armonía y conexión. Es una forma que no tiene principio ni fin, donde todo encaja. Y esa idea conecta profundamente con el proceso de Colette Barcelona: recuperar fragmentos del pasado y darles un nuevo sentido, sin romper su esencia.
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Mandala Oro - Blanco
Se llaman Mandala, y nacen del equilibrio entre lo que permanece y lo que crece.
En el centro, un círculo de encaje antiguo dibuja una forma que recuerda a los mandalas: composiciones delicadas, repetitivas, casi hipnóticas, que invitan a la calma y a la contemplación. Cada hilo conserva la memoria del tiempo, pero también crea un nuevo orden, una nueva belleza.
El mandala, en muchas culturas, simboliza totalidad, armonía y conexión. Es una forma que no tiene principio ni fin, donde todo encaja. Y esa idea conecta profundamente con el proceso de Colette Barcelona: recuperar fragmentos del pasado y darles un nuevo sentido, sin romper su esencia.
De ese centro textil nace una rama de oro que cuelga con ligereza. Una línea orgánica que introduce movimiento, como si la pieza siguiera creciendo. La rama representa lo vivo, lo natural, lo que se expande. Es el contraste con el encaje: uno habla de memoria, el otro de presente.
Juntos crean un equilibrio sutil entre lo estático y lo dinámico, entre lo delicado y lo firme.
Estos pendientes no son solo una pieza decorativa, sino una pequeña composición donde todo tiene un significado. El encaje recuperado deja de ser algo olvidado para convertirse en el corazón de la joya, mientras el oro aporta luz y continuidad.
Llevar Mandala es llevar una historia transformada en forma, en gesto, en presencia. Es conectar con esa idea de ciclo, de transformación constante, donde nada se pierde, solo cambia.
Porque, igual que en un mandala, todo encuentra su lugar cuando se mira con atención.












